
En entradas anteriores hemos visto como influye el miedo en niños y adultos. Este nuevo post, va dedicado al último escalón, la tercera edad. Es posible que algunas personas piensen que en la tercera edad miedos, que ya se han vivido demasiadas cosas, se ha pasado por numerosas tragedias, y que nuestro sensor del miedo quizá no este tan atento como en la infancia. Sin embargo, en mi opinión, es en esta etapa de nuestra vida cuando nos sorprenden nuestras peores inquietudes. Los principales miedos a los que nos enfrentamos son, probablemente, los mas difíciles de afrontar: la soledad, la incapacidad de acto, el parecer un estorbo, y la mas importante, la muerte. Una vez llegados a la jubilación, aparecen los primeros del “miedo anciano”. El primero que se nos presenta seria el temor a no servir para nada. La persona comienza a verse como un trasto inútil que se esconde en cualquier cajón, y que ya no puede trabajar porque su edad, no tan avanzada en su opinión, no se lo permite. Probablemente podamos establecer la jubilación como el desencadenante del llamado “miedo anciano”. A raíz de dejar de trabajar, la persona se siente insegura, incapaz de seguir con su vida sin la rutina habitual. Por supuesto este hecho no es general. Hay personas que se sienten liberados tras dejar de trabajar, pero otros muchos sienten que sin su trabajo su vida esta un poco menos completa de lo que estaba. Esto les provoca uno de los miedos de la tercera edad, como es la de parecer un estorbo. Piensan que en casa no pueden ayudar, algo que suele verse incrementado si la otra parte de la pareja no les permite formar parte de las tareas del hogar. Pero si hay un miedo en la tercera edad que realmente llama la atención, seria la soledad. El miedo a no formar parte de ningún grupo social, a no verse representado por ninguna de las generaciones que están a su alrededor, o a ver como pierden poco a poco a los amigos que les quedaban, hace que cada vez sientan una mayor depresión y habitualmente, les invitan estos actos a reflexionar sobre lo que hicieron en la vida, y lo que les queda por experimentar, aunque no tengan tiempo para ello. Por otra parte, la muerte también aterra a gran parte de esta generación, ya que aunque se sientan solos, no imaginan dejar este mundo de un día para otro, y mucho menos desean tener que experimentar una enfermedad que les haga abandonarlo a la fuerza. En cualquier caso, estos miedos son difíciles de tratar, pero pueden solucionarse. De hecho es lo que suele hacerse mediante los programas del inserso con viajes para nuestros mayores, y otras muchas iniciativas en las que tratan de mejorar las vidas de la tercera edad.
Laura López Rino, Publicidad y RRPP 1ºC


